12 7 / 2012

En un (último) gesto de desleatad y desdén por México el gobierno Panista firmó el ACTA.

El ACTA ha sido rechazada en muchísimos países y la lucha por repudiarla ha sido dura. Las razones ni para qué enumerarlas.

En México es aun más grave pues de por sí con sus monstruosos monopolios, la libertad de expresión y el acceso a la información ya están manipulados, restringidos y pisoteados, añadirle el ACTA a la mezcla equivale a amagar.

Me pregunto si el gobierno mexicano está tratando de inflingir tortura psicológica a la población. Una especie de tortura soft-core que pasa bajo los radares de los oranismos internacionales vigilantes de los derechos humanos. Por algo al PRI en el extranjero le llaman la dictadura perfecta. 

La firma del ACTA hoy equivale a una especie de traición a la patria, pues ya todas las instancias la había rechazado. La forma cobarde - a escondidas- en que este gobierno lo ha hecho es una que los historiadores no deberán perdonar jamás. 

Abrí Twitter y empecé a leer las reacciones, después de haberme pasado las últimas dos semanas leyendo también las reacciones sobre la elección y las preguntas comenzaron a hervir:

¿Cómo cambia uno las cosas sin entrar en el círculo de la indignación, la rabia, la ridiculización, el ataque, las amenazas y desembocar en el cinismo?

¿Hay algo ahí que no estamos viendo?

¿Hay alguna posibilidad de refutar estos insultos que propaga este futuro ex-gobierno y el gobierno que se viene con una comunicación menos violenta hoy?

Lo dudo mucho. Estamos embarcados como hamsters en la ruedita de las redes sociales y nos hacemos mucho daño nosotros mismos. 

No tengo idea de qué se puede hacer a estas alturas. Por lo pronto, me alejo de Twitter. Lo único que habrá ahí serán los posts automáticos de Fantástica, para quien quiera ver mis pequeños tesoros.

He quitado la app del iPod, el bookmark, el tweetdeck. 

Yo ya no puedo más.

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